VI Domingo del Tiempo Ordinario

VI Domingo del Tiempo Ordinario

María también llega a decir una palabra que diríamos hoy “insurreccional”: “¡Derriba del trono a los poderosos cuando éstos ya son un estorbo para la tranquilidad del pueblo…!” Esta es la dimensión política de nuestra fe: la vivió María, la vivió Jesús. Era auténticamente un patriota de un pueblo que estaba bajo una dominación extranjera y que él, sin duda, la soñaba libre. Pero, mientras tanto, tuvo que pagar el tributo al César: “¡Dad al César lo que es del César, pero no déis al César lo que es de Dios, a Dios lo que es de Dios…!”. Está es la espiritualidad que de una manera más explícita nos ha dicho en este domingo la primera lectura. Sin duda que Cristo cuando hablaba, recordaba el eco de los viejos profetas.

 

LECTURA DEL PROFETA JEREMÍAS 17, 5-8

Esto dice el Señor:
«Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe la lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto».

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 4-5. 7c-8 (R/.: 1d) 
R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor.

V/. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

V/.Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/

V/.No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.  R/

 

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS 15, 12, 16-20
Si se anuncia que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos de entre vosotros que no hay resurrección de muertos?
Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís estando en vuestros pecados; de modo que incluso los que murieron en Cristo han perecido.
Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad.
Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.

Palabra de Dios.

 

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 6, 17.20-26
En aquel tiempo, Jesús bajó del monte con los Doce, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre!
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».

Palabra de Dios.

PARA ORAR CON SAN OSCAR ROMERO

LA POBREZA ES UN ESPÍRITU (17-02-1980)

De modo que, primero, la pobreza es una denuncia, pero lo segundo que quiero decir hoy es: la pobreza es un espíritu. Y esto me interesa más cuando Medellín dice: “La pobreza espiritual es el tema de los pobres de Yahvé. La pobreza espiritual es la actitud de apertura a Dios, la disponibilidad de quien todo lo espera del Señor. Aunque valoriza los bienes de este mundo no se apega a ellos y reconoce el valor superior de los bienes del Reino” (14,4).

Por el reino de Dios- cercanía de Dios, una promesa…
La pobreza es, pues, una espiritualidad, es una actitud del cristiano; es una disponibilidad de alma abierta a Dios. Por eso decía Puebla que los pobres son una esperanza en América Latina, porque son los más disponibles para recibir los dones de Dios. Por eso Cristo dice con tanta emoción: ¡Dichosos ustedes los pobres porque de ustedes es el Reino de Dios! Ustedes son los más capacitados para comprender lo que no comprenden quienes están de rodillas ante los falsos ídolos y confían en ellos. Ustedes que no tienen esos ídolos, ustedes que no confían porque no tienen el dinero o el poder, ustedes desvalidos de todo, cuanto más pobres, más dueños del Reino de Dios, con tal que vivan de verdad esta espiritualidad porque la pobreza que aquí dignifica Jesucristo no es una pobreza simplemente material, no tener nada, y eso es malo; es una pobreza que toma conciencia, es una pobreza que acepta la cruz y el sacrificio no con conformismo porque sabe que no es eso voluntad de Dios.
Pero sabe también que en la medida en que hace de su pobreza una conciencia, una espiritualidad, una entrega, una disponibilidad al Señor, se está haciendo santo y desde una santidad sabrá ser el mejor liberador de su propio pueblo. La Iglesia está forjando estos liberadores del pueblo. Ustedes cristianos, en la medida en que su pobreza se convierte en espiritualidad, en esa medida también ustedes son liberadores de nuestro pueblo.

[…] El libertador…
Pero Jesucristo no se presenta con armas ni con movimientos revolucionarios políticos, aunque dá una doctrina para que todas las revoluciones de la tierra se encajen en la gran liberación del pecado y de la vida eterna. él dá horizontes a los que luchan por las liberaciones del pueblo. Cuando Cristo dice “los pobres de espíritu”, se está refiriendo a los israelitas sin quitarles su patria; es también decirles: ustedes tienen que ser libres también, ustedes tienen que sacudir un día el yugo de los que han invadido esta tierra, pero tienen que hacerlo desde esta espiritualidad de los pobres. María, la Virgen, la más espiritual de Yahvé, comprende así, y cuando canta a su Magnificat que Dios libera a los humildes, a los pobres, también resuena esta dimensión política cuando dice textualmente: “Dios despide vacíos a los ricos y colma de bienes a los pobres…”
María también llega a decir una palabra que diríamos hoy “insurreccional”: “¡Derriba del trono a los poderosos cuando éstos ya son un estorbo para la tranquilidad del pueblo…!” Esta es la dimensión política de nuestra fe: la vivió María, la vivió Jesús. Era auténticamente un patriota de un pueblo que estaba bajo una dominación extranjera y que él, sin duda, la soñaba libre. Pero, mientras tanto, tuvo que pagar el tributo al César: “¡Dad al César lo que es del César, pero no déis al César lo que es de Dios, a Dios lo que es de Dios…!”. Está es la espiritualidad que de una manera más explícita nos ha dicho en este domingo la primera lectura. Sin duda que Cristo cuando hablaba, recordaba el eco de los viejos profetas.

Confianza en Dios… no en el hombre…
Así como hoy la Iglesia al traer un texto del evangelio de Cristo cita una palabra del Viejo Testamento, hoy junto a las bienaventuranzas a los pobres, de los que tienen hambre, de los que padecen, de los que lloran, se escucha también el eco de Jeremías: “Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza apartando su corazón del Señor. Será como un cargo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. La visión de la aridez para el hombre que ha puesto su confianza en las cosas de la tierra. Por eso, ¡ay de vosotros los ricos! porque si ahora parecéis árboles frondosos, mañana seréis árboles secos como la estepa y la aridez por vuestro propio egoísmo… El contraste de los profetas, ¡Bendito quien confía en el Señor!”
¿No les parece escuchar aquí el eco de Cristo: ¡Dichoso el pobre, el que confía en el Señor y pone en el Señor su confianza? Será un árbol plantado junto al agua que junto a las corrientes echa, raíces. Cuando llegue el estío, no lo sentirá, su hoja estará verde. Y en año de sequía no se inquieta no deja de dar frutos. Estos son los verdaderos pobres, la espiritualidad de los pobres substancialmente es una gran confianza en el Señor, y la maldición de los ricos es cuando se apartan del Señor y ponen toda su confianza en la carne, es decir, en los valores terrenales.
Por eso, hermanos, no es un prestigio para la Iglesia estar bien con los poderosos. Este es el prestigio de la Iglesia: sentir que los pobres la sienten como suya, sentir que la Iglesia vive una dimensión en la tierra llamando a todos, también a los ricos, a convertirse y salvarse desde el mundo de los pobres, porque ellos son únicamente los bienaventurados…

Sólido fundamento de este espíritu… la resurrección…
Y en este punto del espíritu, la pobreza como espíritu, quiero situar también la segunda lectura de hoy porque ella nos da base de nuestra esperanza. San Pablo escribe a los cristianos de Corinto donde corrían las ideas erróneas contra la resurrección: “No existe resurrección!” Y se reían de Pablo cuando hablaba de la resurrección, y Pablo afianza su fe. Ya desde el domingo pasado nos viene hablando que hay testigos de que Cristo resucitó: Quinientos discípulos y por último se me apareció a mí que lo estoy diciendo, yo que perseguía a la Iglesia y no estaba dispuesto a creer en patrañas de la Iglesia, lo he visto y me he convertido y lo voy predicando.
San Pablo es un testigo maravilloso de la resurrección porque si había un hombre que no hubiera querido creer en Jesús ni en la resurrección, era el perseguidor Saulo. Creía que los cristianos estaban engañando a sus compañeros judíos y por eso los perseguía. Y a este Pablo, convencido de que Cristo no vive, se le aparece Cristo viviente; y ya capaz de dar su vida por esa gran verdad: “¡No, les dice a los corintios en sus errores, Cristo ha resucitado…!” y si ustedes dicen que los muertos no resucitan, ¿por qué yo he visto a Cristo resucitado?
Y si Cristo ha resucitado, pues, existe la resurrección de los hombres; y si existe esa resurrección, allí se afianza nuestra fe y nuestra esperanza porque si Cristo no hubiera resucitado seríamos los más miserables de los hombres creyendo en una mentira. ¡Pero Cristo ha resucitado, Cristo vive y esta es la gran fe y confianza, la gran espiritualidad de los pobres, este es nuestro Dios, el Dios de los pobres, como le canta nuestra canción popular…!.

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