Domingo de la Santísima Trinidad

Domingo de la Santísima Trinidad

Por eso los cristianos, más que los israelitas de Moisés, hemos de darle gracias porque no en una zarza ardiente hemos conocido a Dios. Cristo es la zarza del Nuevo Testamento. En Cristo arde el amor y la plenitud de Dios. Quien conoce a Cristo ha encontrado a Dios. Nadie conoce al Padre sino al Hijo y a quien el Hijo se lo quiera revelar. Qué hermoso será tener fe cristiana, fe en Cristo; pero no una fe teórica, una fe académica, una fe sólo de la cabeza, sino una fe como lo que significa fe, entrega, confianza. “En Ti Señor he puesto toda mi esperanza y no quedaré confundido”. Creer en Cristo revelador del Padre, es aceptar esa fe que nos hace verdaderamente libres.

 

LECTURA DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra; pregunta desde un extremo al otro del cielo, ¿sucedió jamás algo tan grande como esto o se oyó cosa semejante? ¿Escuchó algún pueblo, como tú has escuchado, la voz de Dios, hablando desde el fuego, y ha sobrevivido? ¿Intentó jamás algún dios venir a escogerse una nación entre las otras mediante pruebas, signos, prodigios y guerra y con mano fuerte y brazo poderoso, con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?

Así pues, reconoce hoy, y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Observa los mandatos y preceptos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos, después de ti, y se prolonguen tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre».

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 (R/.: cf. 12)  
R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

V/. La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

V/.La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos.
Porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y todo fue creado. R/

V/.Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.  R/

V/.Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.  R/

 

LECTURA DE LA PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS ROMANOS 8, 14-17
Hermanos:
Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».
Ese mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo; de modo que, si sufrimos con él, seremos también glorificados con él.

Palabra de Dios.

 

LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Palabra de Dios.

PARA ORAR CON EL OSCAR ROMERO

«EL DIOS DE JESUCRISTO SE REVELA COMO UNA FAMILIA: PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO»

Ahora bien, el Dios de nuestros padres en el cual nos hemos entretenido bastante porque sigue siendo el Dios de El Salvador, el Dios de Nicaragua, el Dios que todo hombre de buena voluntad puede encontrar y apoyarse en Él.

1. Título en el Nuevo Testamento: “el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo”.
Cuando vino Jesucristo en la plenitud de los tiempos, se llama el “Dios de Nuestro Señor Jesucristo”. No contradice todo lo que hemos dicho sino que lo perfecciona, porque el Dios de la Antigua Alianza era un Dios monoteísta. No hay más que un sólo Dios, le dice a Moisés después de contar estas maravillas. Reconoce pues y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo en la tierra. No es un Dios lejano, sí, trascendente, infinito, pero un Dios cercano aquí en la tierra, no hay otro y a ese único Dios que los israelitas no conocieron más perfectamente que como un Dios poderoso, Dios del pueblo, Dios de los patriarcas, Cristo lo vino a perfeccionar en su revelación.

II. Cristo revela su “misión” y plenitud de su poder como “enviado” del Padre.
Cuando nos aparece en el Evangelio de hoy: “id a bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. El Dios de Jesucristo es un Dios-Familia, no es un Dios solitario, es uno y único pero en Él hay tres personas: el Padre engendra al Hijo por un proceso misterioso de la eternidad y, entre el Hijo engendrado y el Padre engendrador, una corriente que es también persona, amor, el espíritu de amor, el Espíritu Santo, los identifica, los une. Este es el proceso trinitario que Cristo vino a revelar cuando vino continuamente a hablarnos del Padre: “mi Padre os ama” y cuando nos hablaba: “os enviaré el Espíritu” y esa promesa del Dios de Jesucristo, se cumple cuando Jesucristo muere pagando nuestros pecados, y resucita, y vuelve al cielo; y al decir al Padre: “misión cumplida” la corriente trinitaria que no se ha interrumpido, se extiende. Enviemos al Espíritu que une al Padre y al Hijo en el amor eterno; sea también corriente que engarce los corazones de los hombres. Y vino el Espíritu Santo, enviado como fuerza de la vida de Dios para hacer de los hombres una sola familia.

III. Cristo vino a revelar al Padre
Pero fijémonos en este Cristo que nos revela al Padre. Lo que decíamos: no viene a revelarnos un Dios de Atenas ni un Dios de los filósofos viene a revelarnos a un Dios vivo a un Dios amor y no necesita grandes lecciones. Se presenta para decirle a los apóstoles: “el que me ve a mí, ve al Padre” o como decía San Pablo: “toda la gloria del Padre se revela en el rostro de Cristo su Hijo”. Este es el papel de Cristo, por eso el Concilio lo llama la plenitud de la revelación. Ahora conocemos, porque Cristo lo ha dicho, que el Padre nos tiene tanto amor que pudo mandar a su Hijo para morir por nosotros. Y todas aquellas bellas parábolas de Cristo son revelaciones de Dios. La oveja perdida que el pastor va a buscar con amor, el hijo pródigo que después de dilapidar toda su fortuna vuelve desnudo de bienes y de gracia y el padre lo abraza y lo viste otra vez. Es el Dios que Cristo nos viene a revelar. El Dios de Jesucristo, es el Dios de la misericordia.
Por eso los cristianos, más que los israelitas de Moisés, hemos de darle gracias porque no en una zarza ardiente hemos conocido a Dios. Cristo es la zarza del Nuevo Testamento. En Cristo arde el amor y la plenitud de Dios. Quien conoce a Cristo ha encontrado a Dios. Nadie conoce al Padre sino al Hijo y a quien el Hijo se lo quiera revelar. Qué hermoso será tener fe cristiana, fe en Cristo; pero no una fe teórica, una fe académica, una fe sólo de la cabeza, sino una fe como lo que significa fe, entrega, confianza. “En Ti Señor he puesto toda mi esperanza y no quedaré confundido”. Creer en Cristo revelador del Padre, es aceptar esa fe que nos hace verdaderamente libres. 

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