El Bautismo del Señor

El Bautismo del Señor


En la liturgia encontramos la aparición de Jesús ante la gente de su época para dar comienzo a los que tradicionalmente se ha llamado su «ministerio público». Un año más, y casi sin darnos cuenta, ha llegado y se ha ido la Navidad. El salto que da la liturgia en este domingo es muy grande, aunque se nos diga que todavía no se ha cerrado el ciclo navideño. Dejamos al Jesús-Niño y pasamos al Jesús-adulto. No es fácil para nadie este cambio de niño a adulto. Supone dejar a un lado las seguridades y lanzarse a la aventura de la confianza en el Padre y de la misión encomendada. Esto es lo que le ocurrió a Jesús cuando recibió el bautismo de manos de Juan.

 

Mirad a mi siervo, en quien me complazco
Lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7

Esto dice el Señor:
«Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará.
Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país. En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan las tinieblas.»
Palabra de Dios.

 

 

Salmo 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta por encima del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno. R.

 

Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10,34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
– «Ahora comprendo con toda la verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos.
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.»
Palabra de Dios.


Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos
Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,15-16.21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a a todos:
– “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semmejante a una paloma, y vino un voz del cielo:
– “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco.”
Palabra del Señor.

PARA ORAR

 

¿Quién es Jesús?

El evangelio de hoy nos dará una respuesta clara, una respuesta de fe, a esta pregunta: es el Hijo predilecto de Dios. ¿Damos también nosotros a Jesús en nuestra vida esa predilección?; quizá en nuestras teorías y en nuestros esquemas mentales Jesús sea preferente. Pero ¿también en las obras? Ahí está la cuestión. El Padre le manifestó su identidad: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto». Pero, al mismo tiempo, asume su misión: pasar por el mundo haciendo el bien, abriendo los ojos de los ciegos, sacar a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas. Es decir, se identifica con la misión del «Siervo de Yahvé» del profeta Isaías. Será luz de las naciones e implantará la justicia en todas las islas -todas las naciones de la tierra- Qué bueno sería que de nosotros, sus discípulos, se dijera al final del año «pasó por el mundo haciendo el bien, porque Dios estaba con él». Tenemos la seguridad de que Dios está siempre con nosotros y también tenemos clara nuestra tarea: pasa haciendo el bien.

 

Bautismo y misión:

El bautismo de Juan era de penitencia, de preparación. Por eso dice San Agustín que «valía tanto como valía Juan. Era un bautismo santo, porque era conferido por un santo, pero siempre hombre. El bautismo del Señor, en cambio, valía tanto cuanto el Señor: era, por tanto, un bautismo divino, porque el Señor es Dios». Nosotros hemos recibido el auténtico bautismo «en el Espíritu Santo». ¿Somos conscientes de la gracia recibida, de nuestra consagración como sacerdotes, profetas y reyes? Nuestra misión es ser fieles al honor recibido, no traicionar el amor de Dios Padre. Nuestra misión es aspirar a la santidad –somos sacerdotes todos–, luchar por un mundo donde reine la justicia –nuestra misión profética– y servir a los más necesitados con los dones recibidos –somos ungidos como reyes–. Renovemos nuestro compromiso bautismal en este día porque en nuestra vida de fe no debe haber «rebajas». Pensemos en aquello defectuoso que tendríamos que quitar de nosotros en este tiempo de rebajas, en lo que no hemos actualizado, en lo que ocupa un lugar en nosotros y es poco importante. Coloquemos en el centro de nuestra vida aquello que es esencial: la presencia de Dios y del hermano.

 

 

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES

EN EL AÑO DE LA MISERICORDIA

Y BODAS DE ORO DE LA PARROQUIA

En este año de las bodas de oro de San Alfonso,

Señor, quiero y te pido que nos hagas

a todos los miembros de esta parroquia

instrumento de tu Misericordia,

de tal manera que todo el que se acerque a la parroquia

encuentre alivio, consuelo y descanso en ti Señor

para que  en tu Corazón Misericordioso

encuentren el gozo y la alegría profunda

de ser Amados incondicionalmente por ti.

Por ello  Señor,

delante de ti y tras haber renovado

mis  promesas bautismales,

sabiendo que eres tú el que las haces posible,

deseo, quiero y me comprometo

a amarte sin cesar cada día más

y guardar esta promesa fiel hasta el final de mi vida.

Quiero y deseo  también Señor,

que seas tú quien habite en mí,

que me hagas tuyo plenamente

de tal manera que mi vida sea  reflejo

y transparencia de  tu Gloria y de tu Amor.

Por eso con María te digo hágase en mí según Tu Palabra.

Haz de mi lo que quieras

porque sé que Tú sólo quieres lo mejor para mí.

 

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