Domingo de la 2ª semana de Navidad

Domingo de la 2ª semana de Navidad

Papa Francisco: Evangelii Gaudium
Toda la evangelización está fundada sobre ella [la Palabra de Dios], escuchada, meditada, vivida, celebrada y testimoniada. Las Sagradas Escrituras son fuente de la evangelización. Por lo tanto, hace falta formarse continuamente en la escucha de la Palabra. La Iglesia no evangeliza si no se deja continuamente evangelizar. Es indispensable que la Palabra de Dios “sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial. La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana. Ya hemos superado aquella vieja contraposición entre Palabra y Sacramento. La Palabra proclamada, viva y eficaz, prepara la recepción del Sacramento, y en el Sacramento esa Palabra alcanza su máxima eficacia. (174)
El estudio de las Sagradas Escrituras debe ser una puerta abierta a todos los creyentes… La evangelización requiere la familiaridad con la Palabra de Dios y esto exige a las diócesis, parroquias y a todas las agrupaciones católicas, proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia, así como promover su lectura orante personal y comunitaria… Acojamos el sublime tesoro de la Palabra revelada (175).

 
La sabiduría de Dios habitó en el pueblo escogido
Lectura del libro del Eclesiástico 24, 1-2. 8-12

La sabiduría hace su propia alabanza, encuentra su honor en Dios y se gloría en medio de su pueblo.
En la asamblea del Altísimo abre su boca y se gloria ante el Poderoso.
«El Creador del universo me dio una orden, el que me había creado estableció mi morada y me dijo: “ Pon tu tienda en Jacob, y fija tu heredad en Israel.”
Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y nunca jamás dejaré de existir
Ejercí mi ministerio en la Tienda santa delante de él, y así me establecí en Sion.
En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí;
En la ciudad amada encontré descanso, y en Jerusalén reside mi poder.
Arraigué en un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad».Palabra de Dios.

 

Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20
R. La Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.

 

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo a ser sus hijos
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 3-6. 15-18

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos.
Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor.
Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos, para alabanza de la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado.
Por eso, habiendo oído hablar de vuestra fe en Cristo y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.
Palabra de Dios.

 


El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros
Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio junto a Dios.
Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
– «Éste es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Palabra del Señor.

PARA ORAR

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Acompáñanos en la hora de incertidumbre,
y que nunca desaparezca de nuestros labios
un canto de alabanza y gratitud por tu llegada.

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Y, sin comprenderlo ni entenderlo muy bien,
sólo sabemos que ha merecido la pena
que estamos menos solos que antes
que, nuestra soledad, es la tuya
y que, nuestras inquietudes, ya desde pequeño
van contigo en ese rostro que, hoy por amor,
y en el calvario con pasión,
mira al hombre desde el amor.

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Y en el silencio, sigue hablando tu amor
Y en la oscuridad, sigue brillando la estrella
Y en el portal, sigues esperándonos
Y en la humildad, sigues enseñándonos
el camino preferido para encontrar a Dios

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Para hacernos redescubrir el encanto de creer
y el encanto de amor
la ilusión de esperar y la alegría de vivir

VINISTE AL MUNDO, SEÑOR
Y, por venir hasta nosotros,
nos sentimos afortunados y dichosos:
¡Nunca nos había ocurrido algo parecido!
¡No te vayas, Señor!
¡Quédate junto a  nosotros, Señor!
¡Deja que sigamos adorando tu divinidad!
¡Permite que te dejemos los dones
de nuestra fe, esperanza y caridad!

¡VINISTE AL MUNDO, SEÑOR!
Y, desde que has llegado,
este mundo ha encontrado una ventana
que nos abre de nuevo a la esperanza y a la paz.
Gracias, Señor
¡HAS VENIDO…Y NOS BASTA!

 

 

 

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