Personajes en el evangelio de San Juan: Pedro (II)

Personajes en el evangelio de San Juan: Pedro (II)

[…] El texto de la cena y el lavatorio de pies aparece en el pórtico de la segunda parte del Evangelio, el Libro de la Gloria, cuya introducción es: “sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (13:1)

Sigue diciendo “…sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía…” (13:3) y desde este momento se quiebra el estilo y aparecen verbos y detalles que nada tienen que ver con la majestuosidad de estas palabras: “…se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.” (13: 4-5) […]

Pedro_img_1 […]  El fin del lavatorio no es la limpieza, el fin está en el servicio y la humillación.  Pedro tiene que entrar en la humillación y en el servicio: si no te lavo, si no entras en la corriente de la humillación y el servicio, no tienes parte conmigo, no te enteras quién soy yo. La reticencia de Pedro no es que tenga al Maestro haciendo un gesto, su reticencia es que rechaza la cruz, rechaza que el amor de Dios tiene que pasar por la cruz.  Pedro no acepta que el Maestro, para salvar, tenga que pasar por la cruz.  A Pedro no le ruboriza que el amigo se ponga a lavarle los pies, lo que en este momento entiende perfectamente es que la salvación viene de la cruz, y que quien no pasa por la cruz no tiene parte en la herencia de la salvación. […]

[…]

La tercera negación recuerda cómo Pedro se envalentona con la espada en el huerto para defender a Jesús, y aquí, ante una criada que no le va a hacer nada, dice “no soy”. Las negaciones de Pedro no son por cobardía, Pedro es valiente.  Pedro niega por vergüenza. En el huerto Jesús todavía es un profeta, poderoso.  En el palacio del sacerdote no tiene prestigio, es humillado, está solo e inofensivo, y eso le da vergüenza.  Da vergüenza decir a una mujer que es discípulo de ese al que están ridiculizando.  Le da vergüenza que le identifiquen con Jesús, que se rían de él, que cuchicheen las mujeres. […]

[…] Juan no entra, espera a Pedro y le hace pasar como lo hizo antes en el atrio del Pontífice, deja pasar a Pedro.  Juan sabe quién es Pedro, sabe la función de Pedro y Juan entiende que Jesús le había confiado una misión especial y la respeta.[…]

 

Leer documento completo

 
 
 

Compartir este contenido...Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email